El día de la revelación: cuando la mayor sorpresa es descubrir que no hay ninguna revelación

Póster oficial de El día de la revelación

Por: Julio César

El día de la revelación promete misterio extraterrestre, pero entrega una historia predecible que rara vez logra sorprender.


Había expectativa. Y MUCHA. Después de todo, estamos hablando de Steven Spielberg, uno de los directores que ayudó a moldear el imaginario moderno sobre los extraterrestres. O sea, el hombre detrás de Encuentros cercanos del tercer tipo, E.T. y La guerra de los mundos regresaba al terreno que tantas veces exploró a lo largo de su carrera. 

El título prometía algo grande: El día de la revelación. El problema es que, cuando finalmente llega la supuesta revelación, la sensación es extrañamente familiar.

Más de lo mismo en un género que ya escuchó estas historias

Quizá el mayor pecado de la película no sea ser mala, sino ser predecible. Para quienes llevan años consumiendo historias sobre OVNIs, visitantes extraterrestres, encubrimientos gubernamentales y teorías de conspiración, la película parece construida con piezas que ya hemos visto demasiadas veces. 

Spielberg vuelve a caminar senderos conocidos, pero sin aportar una mirada realmente novedosa. Incluso varias críticas internacionales han señalado que la cinta se queda corta en innovación y genera una sensación de decepción frente a las enormes expectativas que la rodeaban. 

¿Por qué buscar respuestas únicamente en los archivos secretos de Washington cuando existen pueblos enteros donde las personas llevan décadas contando historias mucho más inquietantes?

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Basta recorrer comunidades rurales de México, Latinoamérica o Estados Unidos para encontrar testimonios sobre luces imposibles, entidades extrañas, figuras que aparecen en los caminos o encuentros que desafían cualquier explicación convencional; historias transmitidas durante generaciones que, al menos desde el punto de vista narrativo, resultan mucho más perturbadoras que gran parte de lo que la película termina mostrando.

El misterio sin asombro

Una de las mayores virtudes del mejor Spielberg era su capacidad para despertar asombro. En Encuentros cercanos del tercer tipo el misterio era una fuerza irresistible; en E.T. existía una sensación genuina de descubrimiento; incluso en La guerra de los mundos había momentos de auténtica tensión. Aquí, en cambio, el misterio parece administrado como una fórmula.

La película avanza durante buena parte de su extensa duración acumulando situaciones que rara vez sorprenden. El espectador anticipa con demasiada facilidad hacia dónde se dirige la historia y, cuando finalmente llega el desenlace, la sensación es menos cercana a una revelación que a una confirmación de lo que ya se sospechaba desde mucho antes. 

Algunas críticas han descrito esto como una narrativa demasiado larga, con problemas de ritmo y una dependencia excesiva de ideas que el propio Spielberg exploró mejor en el pasado.

La polémica religiosa que nunca fue polémica

Parte de la conversación alrededor de la película se alimentó por supuestas declaraciones de sacerdotes y comentaristas religiosos preocupados por el impacto que la historia podría tener sobre la fe cristiana. Incluso si esas declaraciones fueron reales y no simples exageraciones de internet, la polémica parece desproporcionada porque El día de la revelación no representa ninguna amenaza para la fe.

De hecho, resulta difícil pensar que una película de ciencia ficción pueda poner en riesgo una convicción religiosa auténtica. 

La fe, para quien realmente la posee, no funciona como un objeto que alguien puede arrebatar mediante una historia, una película o una teoría extraterrestre. Las creencias profundas sobreviven a modas culturales, debates académicos e incluso a crisis personales; y cuando alguien las abandona, probablemente las razones son mucho más complejas que haber visto una producción de Hollywood un fin de semana. 

De ahí que la discusión religiosa alrededor de la película termina sintiéndose más interesante que la propia película.

Actuaciones correctas, personajes olvidables

Sería injusto afirmar que todo falla; las actuaciones cumplen su función; los actores hacen lo que pueden con el material que tienen entre manos y logran sostener la historia durante sus momentos más débiles. El problema es que los personajes rara vez trascienden.

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No hay figuras memorables; no hay una construcción emocional particularmente profunda; no existe ese personaje que permanezca en la mente del espectador al salir de la sala; simplemente funcionan, pero cuando se trata de una producción de esta magnitud, "funcionar" no es suficiente. #ImSorryForEverybody

Cuando el verdadero misterio está fuera de la pantalla

La mayor ironía de El día de la revelación es que llega en una época donde las historias sobre fenómenos anómalos resultan más abundantes que nunca. 

Mientras gobiernos desclasifican documentos, pilotos reportan encuentros inexplicables y comunidades enteras continúan compartiendo relatos sobre experiencias extrañas, la película parece mirar hacia atrás en lugar de explorar nuevas posibilidades.

Steven Spielberg no hizo una mala película en el sentido tradicional, sino algo quizá más decepcionante: una película que rara vez encuentra razones para sorprender. 

Eso pesa especialmente cuando viene de uno de los hombres que mejor supo enseñarnos a mirar el cielo con curiosidad. Así de simple.

La gran revelación de El día de la revelación no tiene que ver con extraterrestres, gobiernos ocultos ni crisis espirituales. La verdadera revelación es descubrir que, esta vez, Steven Spielberg tenía una historia enorme entre las manos y decidió contar una que ya habíamos escuchado antes. 

Editor-in-Chief: Julio César. Productor y Conductor de Todo el mundo ve cosas.

IG: @imjucesar

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