Hokum: ¿el nuevo referente del terror psicológico?

Póster de la película Hokum

Por: Julio César

Entre símbolos perturbadores y tensión creciente, Hokum confirma que el verdadero horror no se ve... se siente y se queda contigo.


En un momento en que el cine de horror parece debatirse entre fórmulas recicladas y sustos fáciles, Hokum irrumpe con una propuesta que no busca agradar, sino incomodar. 

La historia sigue a Ohm Bauman (Adam Scott), un novelista que se refugia en una posada remota en Irlanda con el propósito de esparcir las cenizas de sus padres. Pero lo que debería ser un viaje de cierre emocional pronto se transforma en una espiral de inquietud cuando comienza a escuchar historias sobre una bruja que habita la suite de luna de miel. A partir de ahí, la película abandona cualquier intento de confort y se sumerge en un terreno donde la percepción se fractura, los recuerdos se distorsionan y el pasado se convierte en amenaza.

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El sello de un director que entiende el miedo

El director y guionista irlandés Damian McCarthy confirma aquí lo que ya venía insinuando en sus trabajos anteriores: su talento no está en mostrar el horror, sino en construirlo lentamente hasta que se vuelve inevitable. 

El conejo: símbolo de lo inquietante

Uno de los elementos más comentados —y con justa razón— es la presencia de una criatura con forma de conejo monstruoso. Lejos de ser un recurso arbitrario, esta figura se integra al lenguaje visual de McCarthy, quien ya ha explorado simbologías similares en su filmografía. Aquí, el “conejo” no es sólo una imagen inquietante: es una grieta en la lógica del espectador, un recordatorio de que lo aparentemente infantil puede volverse profundamente siniestro.

Espacios que respiran terror

La atmósfera es, sin exagerar, uno de los grandes logros de la película. La posada —aislada, húmeda, casi fuera del tiempo— se convierte en un personaje más. Cada pasillo, cada habitación y cada objeto parecen cargados de una intención oscura. En especial, destacan las pequeñas figuras y dioramas que aparecen a lo largo del filme: miniaturas de niños con expresiones de terror que no sólo decoran el espacio, sino que cuentan su propia historia.

Detrás de estos elementos está el trabajo del diseñador Paul McDonnell, colaborador recurrente de McCarthy. Su capacidad para materializar lo inquietante en objetos tangibles aporta una capa adicional de realismo que resulta clave: el horror aquí no es digital ni lejano, es físico, casi táctil.

La reacción del público como termómetro

En entrevistas, McCarthy ha explicado que para él, los primeros minutos de una película son decisivos. Si el público entra en la dinámica desde el inicio —si ríe, si se tensa, si reacciona—, entonces el viaje está asegurado. Y en Hokum, esa conexión ocurre. Hay momentos inesperadamente incómodos, otros que provocan risas nerviosas, y varios que arrancan reacciones viscerales. No porque sean explícitos, sino porque juegan con la anticipación.

Actuaciones contenidas, tensión sostenida

El elenco, encabezado por Adam Scott, ofrece interpretaciones contenidas que encajan perfectamente con el tono del filme. No hay excesos: todo está medido, como si los personajes también temieran alterar algo que no debería ser perturbado.

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Un horror que no da respuestas

Pero quizá lo más interesante de Hokum es su negativa a explicarlo todo. En lugar de cerrar puertas, las abre. En lugar de dar respuestas, plantea preguntas. ¿Qué es real? ¿Qué pertenece al pasado? ¿Qué está realmente “habitándose” en ese lugar… y en el protagonista?

Hokum no trata sólo de una bruja o de una presencia sobrenatural. Trata de aquello que cargamos, de lo que evitamos mirar, y de cómo, tarde o temprano, siempre encuentra la forma de regresar.

Ya en cines, esta película se perfila como una de esas experiencias de horror que, más que verse, se viven, o al menos eso promete su director, Damian McCarthy. Nosotros te contaremos pronto qué tal, pero mientras tanto, la conversación está abierta.

Si tú ya entraste a ese mundo incómodo que plantea esta cinta, queremos saberlo:

¿Qué parte de Hokum te persiguió al salir de la sala… la que viste, o la que imaginaste?

Editor-in-Chief: Julio César. Productor y Conductor de Todo el mundo ve cosas.

IG: @imjucesar

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